MUJERES QUE CREAMOS Y SOÑAMOS - 1 AÑO

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martes, 14 de diciembre de 2010

MI MADRE - María Eugenia Valdés Miranda


Siempre recuerdo a mi madre como lo mejor que tuve en mi vida hasta que nacieron mis hijos y mis nietos. Margarita era su nombre, perfumada y blanca como esa flor, muy linda con un cutis terso de mejillas naturalmente rosadas y de ojos azules, que reflejaban su ternura y franqueza de sentimientos. De manos pequeñas y suaves al sentir sus caricias. Nunca se pintó ni usaba joyas, pero tampoco lo necesitaba, igual era hermosa.
Era tímida y muy púdica, cuando de repente una de nosotras entrábamos a su dormitorio y se estaba vistiendo, rápidamene se tapaba. No le permitía a nuestro padre se acercara a hacerle cariño o le diera un beso delante nuestro, tampoco se le podía ver el pronunciamiento de su busto y usaba los vestidos más abajo de la rodilla. Nunca fue a la playa porque se negaba a usar traje de baño. Creo que la única coquetería que se permitió fue de usar siempre taco alto cuando salía de casa, a pesar que sus juanetes la hacían sufrir, pero llegando a casa ponía los pies en remojo en agua tibia con sal para aliviar el dolor de pies.
Recuerdo de un vestido muy lindo que usaba abotonado adelante, escosés de colores café, amarillo, verde, rojo y negro, del cual me colgaba de pequeña cuando la acompañaba a comprar y tenía sus manos ocupadas para tomarme. Le gustaba mucho el color azul, tenía un abrigo y vestidos de ese color, que le venía mucho con sus ojos azules.
Antes de casarse pintaba en óleo y pastel. Pude admirar unas peras que había pintado y regalado a su queridísima tía Meche, quien lo puso en un cuadrito detrás de la puerta de entrada de su casa.
Le gustaba leer novelas clásicas que conseguía en la biblioteca, una vez la escuché preguntarle a una prima si había leido Memorias de la Princesa Rusa. Cuando mayor entendí que las mujeres a pesar de la represión que se ejercía sobre ellas en ese tiempo tanto por sus padres, la iglesia, marido y sociedad también tenían fantasías, pues no se entiende que ella hubiera leído o supiese de esa novela que era bastante para esos tiempos.
Era romántica y poética, escribía poesía en un librito, yo las leía y las encontraba muy lindas, pensaba que eran de ellas, pero después supe que algunas eran del gran poeta cubano José Martí. Escuchaba todos los días la radio con programas especiales de tango. Disfrutaba de los románticos boleros con Lucho Gatica y Los Panchos. Gustaba mucho de un vals peruano y cada vez que su cuñada Amelia lo escuhaba en la radio, le avisaba por encima de la reja: Margot, La Flor de la Canela. Seguro que tenía algún significado especial para ella.
Fue muy amiga de su cuñada Amelia, casada con uno de sus hermanos y creo que fue gracias a mi tía, empezó a tener conciencia que ella como mujer también tenía derechos, que no podía ser solo dueña de casa, sin siquiera tener una distracción, mientras mi padre salía todos los fines de semana a divertirse.
Según mi padre no salía con mi madre porque no sabía bailar, entonces mi madre le pidió a éste que le enseñara a bailar y fue así que empezaron a divertirse juntos y bailar tangos en una tanguería de argentinos llamada “Los Hermanos Carbone” y muchas veces hasta ganaron competencias de este baile tan lindo.
Su mayor entretención era visitar su familia las tías Mechita y Edelmira y primas María Eugenia, Cristina, Carmencita y Sylvia a las que tanto quiso y donde la recibían siempre con mucho cariño. Era como volver a su casa ya que allí había vivido desde que nació.
Frágil, miedosa e insegura, sufría mucho cuando mi padre no tenía trabajo o no le daba el dinero suficiente para la comida. Católica y debota de la Virgen del Carmen a quien prendía velas para que a mi padre no le faltara el trabajo, también por la salud y el bienestar de la familia.
La recuerdo levantándose de madrugada para hacer una tremenda cola por un número para el médico que atendía a mi hermana mayor que sufrió de una enfermedad por mucho tiempo. Sufría mucho por ella, rezaba en las noches junto conmigo y lloraba por la dolencia de su hija mayor, igualmente cuando la del medio sufrió de una excema, a la cual vistió de vestido blanco con un lazo celeste, en manda a la Virgen de Lourdes, para que ésta se mejorara.
Fue muy preocupada de sus hijas, su marido y hogar, aunquie se le escapaba la disciplina para con las menores y se la dejaba a mi padre. Muy limpia y ordenada, cada cosa en su lugar. Los días martes me mandaba a comprar al negocio de al lado, Perlina, Radiolina, jabón y cloro para el miércoles de mañanita comenzar a lavar nuestra ropa a mano.
Cuando volvíamos del colegio, la encontrábamos todavía frente a la arteza, al lado de ésta mantenía un fogón donde en un tarro de esos grandes de manteca, hervía la ropa para que quedara muy blanca, almidonando nuestros delantales y blusas del colegio. Antes de darnos almuerzo, tendía la ropa y en la noche ya estaba planchando y al otro día continuaba.
No era común que las casas tuvieran agua caliente, entonces mamá calentaba agua para lavarnos el pelo con un shampoo de huevo y nos enjuagaba la cabeza con quillay, el pelo nos quedaba suave y brillante y nos bañaba con jabón Flores de Pravia en una bañera de latón. Cuando ya no cabíamos en esta bañera los días sábados nos llevaba a los baños municipales que estaban en la calle Bohn, detrás de la estación de trenes. Las tinas eran desinfectadas con cloro cada vez que se usaban y mi madre antes de que nos bañáramos tambien lo hacía y le sacaba el olor a cloro. Salíamos muy frescas y perfumadas con Lavanda de ahí, contrastándose con el olor de orines y bosta de caballos que había en esa calle, ya que allí se estacionaban las famosas Victorias, carruajes con dos caballos que maneja un cochero y que aún pasean turistas por las calles de Viña.
También recuerdo cuando surcía nuestros calcetines rotos, tenía un huevo de madera que ponía dentro del calcetín y como era miope, se tenía que acercar mucho para poder surcirlos. Enmendaba la ropa a mano, sobretodo la mía, ya que era muy destrosona. Mi madre que nunca había hecho nada en su casa, debe haber sufrido mucho con todas estas tareas de una mujer en un hogar aunquie de clase media, pero pobre.
En esos tiempos las mujeres tenían que hacer innumerables tareas de manera muy rudimentaria y con escasos medios económicos.

1 comentario:

  1. Que hermosas palabras y recuerdos de tu madre,gracias por compartilos,es una parte de tu vida e historia.

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